Saco la cabeza para asegurarme de que nadie me vea, pero se que nadie lo hará. Y me siento en el borde del marco de mi ventana. Las luces de mi habitación siempre apagadas adecuado con el ambiente.
Miro mi reloj que marca las doce, en cualquier momento aparecerá.
Mientras espero me quedo mirando el cielo, las nubes guardan una tormenta.
Siento el ruido que viene de la ventana continua a mi cuarto y vuelvo a la realidad. Casi puedo imaginarlo moviéndose por su habitación, como deslizandose, buscando su violín y sacándolo de su estuche, cuando creo que lo hizo espero un par de minutos y entonces suena una melodía que rompe con el silencio de la noche. Al principio, es lento y se equivoca en un par de notas hasta que encuentra el tono y comienza a tocar una canción que no conozco.
Cierro los ojos y dejo que la música fluya en mi, dejo que arrastre todo a su paso, sé que no soy yo sola la que lo siente porqué el mundo parece detenerse cuando él comienza a tocar.
No recuerdo cuando comencé a escucharlo, no recuerdo cuando esto se volvió mi rutina. Pero paso.
Jamás he hablado con él más que un saludo cordial y el cruce de unas pocas miradas.
La realidad era que él no parecía tener nada especial a la simple luz del día, pero por la noche parecía tener magia dentro de él.
Cuando lo pienso... parecían ser dos chicos distintos: el que era mi vecino y el que tocaba en la soledad de su habitación su violín.
Mi vecino era menudito, con ojos marrones un poco achinados y tenía un cabello color negro que parecía jamás ser peinado. Siempre llevaba remeras de algún superhéroe y unos pantalones que parecían demasiado grandes para él, sus championes siempre parecían haber sido revolcados por el barro, nunca lucían limpios.
El violinista solitario por otro lado, a él, solo podía imaginarlo. Lo imaginaba en la penumbra de su habitación en un traje elegante color negro, con unos zapatos bien lustrados y con su violín en el hombro tocando hasta dejar su mano lastimada, tocando hasta el cansancio, regalando su magia al mundo.
El chico del violín toco más canciones que ella tampoco conocía, y fue perdiéndose en ellas. Movía la cabeza y los pies al ritmo de las canciones que él tocaba.
Entonces luego de lo que parecieron dos horas y estaba segura de que habían sido dos horas, sintió como él violinista toco una última nota; era como si le diera las buenas noches y un hasta luego a la chica que lo escuchaba en las sombras. A mi.
Abro los ojos lentamente no queriendo que aquella última nota se vaya, la saboreo y me dejo ir con ella. Todo parece tranquilo cuando el termina, como en un estado de paz.
Me quedo en mi ventana un rato más hasta que siento pequeñas gotas de lluvia salpicarme el cuerpo y decido entrar.
Camino hasta la silla que hay al lado de mi cama, tomo mi pijama y mientras me lo coloco pienso en porqué jamás hable con él.
Siempre había querido decirle lo mucho que le gustaba como tocaba, cada vez que lo veía tenía el impulso de hablarle y había imaginado esa conversación, pero todas terminaban con él diciendo que ya no tocaría más. Ella no quería eso, no. Así que decidió callarse y guardar aquello como un secreto solo suyo y del cielo que la veía.
Cuando termino de colocarme mi pijama, me meto en mi cama.
Cierro los ojos rápidamente dejando que el sueño venga, deseando que las horas pasen para poder volver escuchar a aquel chico y su violín.
Para escuchar al violinista.
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